jueves, 14 de abril de 2016

¿Nos vamos como los chivos sin ley? Un General nos recuerda a Rousseau y la voluntad arbitraria.



Escrito
Por Nelson Marte


Por más explicaciones que ofrezcan quienes defienden las presiones que hizo y continúa ejerciendo el gobierno de Danilo Medina para impedir que la gente conozca el documental “La verdad que Danilo oculta”, no se puede ocultar que el impedimento constituye una grave violación a la Constitución de la República, a la ley 6132, a la Convención de las Américas, y a la Declaración Universal de los Derechos  Humanos.

Y no se puede ocultar, tampoco, que con la violación de toda esa normativa  se le ha puesto otra raya más a ese tigre incontrolable que es el ambiente de irrespeto a las normas y fomento del desorden y el caos que a su vez somatizan en delincuencia y violencia que desbordan el sentido de autoridad, el orden y la seguridad ciudadana. 

Hemos escuchado y leído todo tipo de explicaciones y justificaciones,hasta a facultos del derecho y a intelectuales apañando el amordazamiento de la libre expresión del pensamiento e incluso postulando sobre la "legitimidad" de la autocensura. 

Ocurre que al usurpar el rol que corresponde a la justicia, de decidir si  existe o no difamación e injuria en el contenido del video, han sido violadas más de una legislación que rigen la materia, empezando por nuestra Ley de Leyes,

En efecto, con esa prohibición ha sido desconocida la Constitución de la República, que en su artículo 8, inciso 6, establece:  "toda persona podrá, sin sujeción a censura previa, emitir libremente su pensamiento mediante palabras escritas o por cualquier otro medio de expresión, gráfico u oral". 

Ha sido desconocida también nuestra ley 6132, de Expresión y Difusión del Pensamiento, que establece: "la prohibición de toda medida preventiva, de toda intervención y de todo control administrativo en lo que concierne a la expresión de las ideas o a la comunicación de los hechos, y reducción al mínimo de las formalidades previas a la publicación".  

Y tanto la Convención de las Américas, como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, son precisas y puntuales al consignar que el derecho a la libertad de expresión "no puede estar sujeto a censura previa y no se puede restringir por vías o medios indirectos, tales como abuso de controles oficiales o particulares de papel para periódicos, de frecuencias radioeléctricas o por cualquier otro medio encaminado a impedir la comunicación de ideas y opiniones".

¿Qué procuraban el legislador nacional, el de las Américas y el universal al prohibir de manera tan expresa, coherente y contundente la censura previa? Impedir, como ocurre con la prohibición de "La verdad que Danilo oculta", que el interés político, el económico, la miseria intelectual de algunos y las ambiciones individuales de otros se sobrepusieran al derecho.

El legislador entendió, y lo hizo con sabiduría y sentido trascendente, que es preferible castigar la difamación y la injuria que pudiera contener  expresión alguna, que amordazar un derecho a la libertad de expresión del pensamiento que es esencia y sentido de todas las libertades humanas. 

Todos sabemos que tras el telón de fondo de esta prohibición está la ambición desmedida de poder del presidente Medina, un pragmático que ha demostrado su disposición  “a enterrar bien hondo sus escrúpulos" y a "tragarse un tiburón en descomposición”,  según sus propias palabras, con tal de tratar de darle de comer a la misma insaciable ambición de poder que llevó al país a la desgracia bajo los designios autoritarios de Santana, Lilís, Trujillo y otros.

Es el presidente Medina el responsable de la prohibición porque, como decía Luis Abinader, no hay funcionario que se atreva adoptar una medida de esa magnitud, como no sea el propio presidente de la República, Medina, en este caso. 

Y víéndose el hecho desde el punto de vista de la estrategia político-electoral, es fácil colegir que un error de esa magnitud (La verdad que Danilo oculta está siendo vista y comentada ahora en todo el Planeta) no fue adoptada en un equipo de análisis que midiera los beneficios y perjuicios de la imposición sino que obviamente se trató del exabrupto de un solo hombre, al que con frecuencia se le cae la máscara de "presidente amigo y cercano", y en fuertes arrebatos impone su voluntad como lo hizo ya en su partido y ahora pretende hacerlo con todo el pueblo -sin importar desmadres de cualquier tipo, ya él lo dijo. 

Con todo y mostrar estelas que apuntan a la inserción del gobierno de Medina en el esquema de lavado de activos y sobornos con que operaba Odebrecht en África, en las Américas y aquí, eso no es lo más grave. 

Más serio aún es el silencio que guarda Palacio frente al emplazamiento que le hiciera el PRM a explicar los pagos millonarios que le ha hecho a Joao Santana con fondos públicos,  y que se incrimine, callando, cuando Poder Ciudadano le reclama transparentar todos sus tratos con Joao Santana y Odebrechet. 

El presidente Medina y su gobierno prefieren callar y acallar que aclarar y transparentar y, lamentablemente, hay gente decidida a acompañarlo en su caída por ese despeñadero a que lo arrastra su ambición personal, y que puede llevar a la República a desandar grandes trechos caminados.

Es penoso, y muy peligroso, la facilidad con que alguna gente se presta a aplaudir las acciones ilegales de un presidente como Danilo Medina, que huye a intercambiar abiertamente con la prensa, como advirtió  el presidente de la Sociedad Dominicana de Diarios, Persio Maldonado. Que se niega a debatir sus ejecutorias gubernamentales en medio de un proceso electoral, ejecutorias que por demás deciden el destino de nuestras "almas y haciendas".  

Si había alguna duda de que es el propio gobierno del presidente Danilo Medina el que está detrás de todas esas violaciones a la Constitución, las leyes nacionales y el derecho internacional, baste informar que a todos los canales televisivos se les ha advertido que no pueden pasar “La Verdad que Danilo oculta” en su programación,  y si lo pasa algún arrendatario de programas, les ha sido impuesta la amordazante orden de eliminarle el audio.


Es el momento de decidir si seguimos el derrotero del irrespeto, del vivir como chivos ensacados y encorvatados, pero sin ley, o nos damos la oportunidad de transitar hacia una vida civilizada, pautada por normativas. 

Un buen amigo, mayor general que sirvió con  gran honor en el Ejército Nacional, nos recuerda estas trascendentes palabras de Jean-Jacques-Rousseau: "La libertad del hombre está fundada en la Ley y sobre la Ley. Cuando la ley está sometida a los hombres, no quedan más que Esclavos y Amos.

"¿Por qué la libertad necesita de la ley? Porque si gobiernan las leyes, (que son reglas generales e impersonales) no gobiernan los hombres, y a través de ellos la voluntad arbitraria, despótica o simplemente estúpida de otro hombre". Escrito está.




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